Osteopatía Visceral - Centre Recuperatori Pardinyes Osteopatia

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Osteopatía visceral


    “Ante las ideas simples los hombres son como los murciélagos ante la luz, ciegos“.
Aristóteles.
    “Sólo los tejidos saben“ .
Rollin E. Becker

La osteopatía nace de un concepto mecanicista, una estructura móvil que contiene todas las vainas de los circuitos de líquidos y sus compuestos, así como la energía eléctrica que regula las funciones de las diferentes partes del cuerpo.
Cualquier disfunción de esta estructura implicará la alteración de la libre circulación de estos líquidos y energías, y tendrá por consecuencia el deterioro del equilibrio homeostático.
Nuestro siglo ha visto nacer nuevos factores patológicos (alimentación, contaminación, estrés y abuso de medicamentos) que han contribuido a ese deterioro de los órganos y las vísceras: esto ha dado lugar a tensiones que afectan la estructura: es el inicio de la enfermedad.
Todas estas revelaciones han contribuido al nacimiento de la OSTEOPATÍA VISCERAL.
Todo osteópata sabe que en osteopatía no existen recetas y que  cada paciente es un caso particular que hay que estudiar de modo individual.

Las técnicas viscerales que propongo son fruto de la enseñanza recibida, pero a su vez han sido inspiradas por las reflexiones y disposiciones personales que mi práctica diaria me ha sugerido.

Existen muchas otras maniobras, muchas otras variantes que un osteópata avisado puede imaginar cuando posee todos los datos de la osteopatía visceral.
Esto es, para las personas que lo utilizamos, una herramienta útil en la práctica osteopática, que permite en el ámbito visceral recuperar su buen funcionamiento y devolver a cada órgano su sonrisa y su aura.
Si la osteopatía craneal y estructural requiere una habilidad y un saber hacer particular, la osteopatía visceral requiere además mucha perspicacia.
Por supuesto, no se trata de separar tal o cual práctica osteopática, ya que la osteopatía es una disciplina a parte “ completa “.
El Dr Andrew Taylor Still, padre de la osteopatía, decía:  “el funcionamiento del hombre es uno e indivisible; cualquiera que sea la alteración de un órgano repercutirá, necesariamente, en todo el organismo“.
Se acostumbra a decir que las vísceras pueden presentar trastornos reversibles ( trastornos funcionales) o irreversibles ( trastornos orgánicos ) y que la osteopatía se dedica a los trastornos funcionales.
Pero, de hecho, es mucho más complejo que todo eso, puesto que existen estados mixtos donde trastornos funcionales y orgánicos se mezclan.
Nosotros, los osteópatas, hemos de respetar la regla de oro de la osteopatía: devolver la movilidad a la estructura, teniendo en cuenta el entorno anatómico, circulatorio, hormonal y nervioso, dentro del contexto psicológico de cada paciente.
Esta importante noción de ARTICULACIÓN VISCERAL nos impone un buen conocimiento clínico, para no cometer errores de juicio, un buen conocimiento de la anatomía, para saber donde poner las manos, y un buen aprendizaje, para saber lo que uno debe sentir o notar y de qué modo debe actuar.

    Elección de la técnica

Aunque no se trata de imponer una u otra técnica, pienso que es primordial respetar ciertas reglas generales:

  • Las técnicas no son superficiales, y deben actuar sobre los tejidos, sin por ello provocar una sensibilidad demasiado grande.

En la medida de lo posible, siempre será interesante dejar que los tejidos se expresen y autocorrijan, a partir de tres posibles técnicas:

  • El desenrollamiento de fascias,
  • La exageración de la lesión,
  • La inducción.
Así pues, las técnicas directas se utilizan con discernimiento y se respetará la técnica de no dolor, sin ser superficial.
Sin embargo, en este tipo de práctica se podrá combinar cualquier tipo de técnica directa con una técnica de desenrollamiento de fascias.

    Parámetros de palpación

El contacto entre la mano del terapeuta y la zona a tratar deberá ser preciso, de ahí la necesidad de conocer la anatomía.
Se debe prestar especial atención al “crédito de piel “:

  • Es una manera de entrar en contacto con la zona a tratar, a fin de no verse obligado a ir más allá de las posibilidades elásticas de la piel y provocar un dolor o un reflejo de defensa,
  • Sobretodo si la mano debe entrar en contacto con un elemento en profundidad, como el polo inferior del riñón o el ápice vesical por ejemplo,
  • O también desplazarse según un movimiento de gran amplitud.

Por regla general el terapeuta deberá:

  • Adaptar la tensión de su mano a la de los tejidos que va a tratar, para entrar en comunicación con estos,
  • Poner su atención o intención en la región implicada.

Esta es la razón por la que suelen cerrarse los ojos durante la realización de los tests y las técnicas de corrección.
Si se respetan cada uno de estos principios, el terapeuta conseguirá de inmediato hacerse “imágenes mentales“ de la región a tratar: “verá“ articularse entre sí los tejidos en movimiento, partir en una dirección, luego en otra y sentirá en que momento el sistema está equilibrado para interrumpir su técnica de corrección. Todo esto no pretende en absoluto dar relevancia al ámbito visceral respecto de los otros ámbitos de la osteopatía.
La osteopatía es un todo indisociable, por lo que convendrá considerar al paciente de manera global, es decir, habrá que hacer una valoración completa: postural, estructural, craneal, miofascial, visceral y neurovegetativo.
Sólo una valoración de este tipo proporcionará un protocolo de tratamiento en el que el ámbito visceral ocupará el lugar que le  corresponde.
Lo importante, cuando se practica una técnica visceral, es respetar por completo los tres parámetros funcionales, que son: el crédito de piel, la puesta en tensión y el acuerdo palpatorio.      
Es un largo aprendizaje que requiere mucha humildad, paciencia y perseverancia, pero es una vía real al servicio de la osteopatía.
El tratamiento visceral será primordial o secundario, con el fin de aliviar al paciente o de permitirle recuperar con mayor rapidez su estado de equilibrio.
La dificultad de aplicar las técnicas viscerales y de situarlas en su contexto; sólo la práctica diaria y un buen conocimiento de la anatomía, fisiología, patología etc., podrán hacer de  cada uno de nosotros terapeuta competentes y eficaces.

    Exploración

A ) Anamnesis:
  1. Dolencias o enfermedades orgánicas (también del pasado).
  2. Dolencias o enfermedades del aparato locomotor.

B) Palpación:

     3.   Resultados de la palpación de los órganos internos.
     4.   Exploración complementaria con percusión de los órganos huecos (estómago, intestinos)
     5. Exploración complementaria de las correspondientes zonas de tejido conectivo.
     6. Exploración complementaria de la musculatura para determinar contracturas.

C) Determinación de interacciones con otros círculos funcionales y estructuras:

     7. Aparato locomotor.
     8. Sistema nervioso.
     9. Relaciones topográficas con el entorno.

D ) Exploración radiológica y análisis:

Como diagnóstico complementario, sobre todo para excluir contraindicaciones.


    Indicaciones para la terapia visceral

  • Adherencias de tejidos viscerales como consecuencia de infecciones o intervenciones quirúrgicas.
  • Ptosis ( caída de los órganos) como consecuencia de trastornos de los ligamentos en el sentido de la hipermovilidad.
  • Espasmos viscerales como consecuencia de irritaciones nerviosas de diversa procedencia.

Cada uno de estos elementos puede dar lugar a una fijación visceral. Ello puede ser la causa de la aparición de una alteración de la movilidad de un órgano y, en consecuencia, de un trastorno funcional del mismo.

    Contraindicaciones

  • Inflamaciones, enfermedades febriles.
  • Enfermedades infecciosas agudas.
  • Enfermedades orgánicas con inflamación aguda (por ejemplo, gastritis, hepatitis).
  • Tumores.
  • Trombosis.
  • Formación espontánea de hematomas.
  • Cálculos renales y vesicales.
  • Cuerpos extraños implantados (por ejemplo Diu, marcapasos).
  • Tuberculosis.

    Contraindicaciones relativas

  • Trastornos cardiovasculares: taquicardia, hipertensión.
  • Astenia.
  • Estreñimiento.
  • Menstruación.
  • Hernias.

    Objetivo de la terapia visceral

La terapia visceral ofrece la posibilidad de normalizar de nuevo los trastornos de movilidad del organismo enfermo.
Se intenta alcanzar mediante la eliminación de adherencias la recuperación de la elasticidad y la relajación de los espasmos viscerales.

    Efectos terapéuticos

Recuperación de la movilidad mediante la eliminación de adherencias y fijaciones.

  • Mejora de la circulación sanguínea (arterial y ventosa).
  • Estimulación de la circulación linfática.
  • Mejora de la función del sistema nervioso.
  • Normalización del metabolismo.
  • Eliminación de estenosis y espasmos musculares.
  • Regulación de los niveles hormonales.
  • Prevención de bloqueos vertebrales recidivantes.
  • Influencia positiva sobre la psique.

Todos estos factores sirven para mejorar la función de los órganos. El objetivo no consiste en cambiar las posiciones de los órganos.
La función orgánica y el equilibrio entre los diferentes sistemas se recuperan mediante la aplicación de técnicas osteopáticas.