Sistema Fascial Osteopatia - Centre Recuperatori Pardinyes Osteopatia

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El omnipresente sistema fascial

Cada tejido corporal es portador de alguna enfermedad resultante de una respuesta patológica de las células a la aplicación de las fuerzas mecánicas.
Cada estructura del cuerpo puede desarrollar una enfermedad como consecuencia de una respuesta anormal de las células a las fuerzas mecánicas externas.

Concepto de la fascia y su estructura

El sistema fascial del organismo forma una ininterrumpida red que, de diferentes modos, controla todos los diferentes componentes de nuestro cuerpo. No es posible mantener un cuerpo saludable sin que exista un sistema fascial saludable. Este sistema debiera encontrarse en un equilibrio funcional para asegurarle al cuerpo el desenvolvimiento óptimo de sus tareas. La presencia de restricciones del sistema fascial y de su estructura interna crea “incomodidades“que interfieren con el desenvolvimiento funcional apropiado de todos las sistemas corporales. El sistema fascial puede encontrarse en una excesiva tensión o puede estar demasiado distendido; en ambas situaciones, la función corporal queda afectada. Este comportamiento se puede comparar con tres formas de acostarse en una hamaca: demasiado tensa, muy floja o perfectamente equilibrada entre dos troncos; tan sólo en la última el cuerpo se encuentra cómodo.



La fascia se puede considerar como una de las formas del tejido conectivo (el tejido que lo conecta todo), el más extenso tejido del organismo.

La fascia corporal tiene un recorrido contínuo, envolviendo todas las estructuras somáticas y viscerales, y funcionalmente incluye las meninges (membranas intracraneales que envuelven el cerebro y la médula espinal). En cierto modo, se puede decir que la fascia es el material que no solamente envuelve todas las estructuras de nuestro cuerpo, sino que también las conecta entre sí, brindándoles soporte y determinando su forma. Además de las funciones de sostener y participar en el movimiento corporal, se le asignan otras actividades biomecánicas y bioquímicas.

La fascias organiza y separa, asegura la protección y la autonomía de cada músculo o víscera, pero también reúne los componentes corporales separados en unidades funcionales, estableciendo las relaciones espaciales entre ellos y formando, de este modo, una especie de ininterrumpida red de comunicación corporal.

Entre sus propiedades destacan el garantizar la disposición de los nervios y vasos linfáticos, y la función nutritiva en relación con la sangre y la linfa, convirtiéndose así en el sofisticado medio de transporte entre y a través de todos los sistemas del organismo. El abanico de posibilidades es espectacular. Se le puede comparar con las conexiones de la inexplorable e interactiva red global de Internet.

Cada parte del músculo, cada una de sus fibras y fascículos, está rodeado por la fascia. Estas “ fascias “ no están separadas unas de otras, sino que se conectan entre sí o, mejor dicho, forman una sola fascia, una envoltura de recorrido contínuo con sus dobleces que permite cobijar y encerrar los elementos anatómicos de nuestro cuerpo. Se puede sugerir que, en cierto modo, es el sistema fascial que determina la estructura corporal. Para visualizar mejor este enfoque, se puede comparar la estructura del sistema fascial con la de una naranja, donde la pulpa rellena los compartimentos formados por la estructura de la concha de la fruta. Al sacar la pulpa la estructura de la fruta se mantiene prácticamente intacta, conservando la forma original de la naranja.


Imagen izquierda: Naranja con pulpa. La forma de la naranja se confunde entre las dos estructuras. La comparación que se realiza entre músculo y fascia.
Imagen derecha: Naranja sin pulpa. Al eliminar la pulpa, se observa que, sorprendentemente, la forma de la fruta se mantiene intacta ¿Se podría presentar la misma reacción en la comparación que se hace entre el músculo y la fascia?

La visión presentada no es una idea nueva y fue propuesta por varios investigadores, entre los cuales se debe mencionar a Ida Rolf, la creadora de un proceso de evaluación y tratamiento integral de los trastornos funcionales del organismo basado en las correcciones realizadas en el sistema fascial y conocido como rolfing. Se podría considerar esta comparación como algo muy simplista y remoto a la estructura real del sistema fascial del cuerpo. Sin embargo, las investigaciones recientes confirman esta visión, enfocando, cada vez más, el sistema fascial como una estructura unificadora, protectora y correctora del cuerpo. El sistema fascial sano y equilibrado, con capacidad de realizar un estiramiento libre y completo, asegura al organismo la posibilidad de realizar un movimiento de amplitud completa y sincronizado, siempre en la búsqueda de la máxima eficacia funcional con un mínimo gasto de energía; así como ya dijo hace ya seis siglos Leonardo Da Vinci: “ conseguir lo máximo con lo mínimo “ ( Cuadrado, 1998 ).

Sin embargo, el mismo sistema puede interferir en un desarrollo normal de los movimientos al encontrarse restringido y bloqueado, imposibilitando la eficiente ejecución de los movimientos, si se considera que el material que forma las adherencias y el tejido de cicatrización es similar al de la fascia.

    Se podrían formular las siguientes preguntas:

  • ¿ Se podrían cambiar la forma y la función de un órgano ( músculo o víscera) al encontrarse su sistema fascial restringido ?
  • ¿ Qué influencias podría tener esta restricción en el comportamiento funcional del cuerpo ?
  • ¿ Limitación del movimiento ?
  • ¿ Dolor ?
  • ¿ De qué manera se manifestarían estos cambios ?
  • ¿ Qué repercusiones tendrían en la estructura y en la función corporal ?

El sistema músculo-esquelético del cuerpo humano no flota en el vacío. Su sostén y funcionamiento se integran con otros sistemas corporales, que interactúan y se modifican mutuamente.
El sistema fascial es el sistema de unificación estructural y funcional del cuerpo. Su continuidad no sólo debe enfocarse hablando de músculos, articulaciones y huesos, sino también en cuanto a una continuidad de función en las cavidades torácica, abdominal y pélvica, brindando soporte a las vísceras y formando una estructura de protección y conexión para los sistemas vascular, nervioso y linfático a lo largo de todo el  cuerpo. El estudio anatómico del sistema fascial es muy complejo. La movilidad, elasticidad y capacidad de deslizamiento de la fascia “ no puede ser aprendida diseccionando cadáveres embalsamados “ ( Leahy y Mock, 1992 ).

El análisis del sistema fascial desde el enfoque topográfico, en el que se define la fascia como un revestimiento y como una red entre la piel y las estructuras subyacentes ( como lo son, por ejemplo, los músculos y los huesos ) y la divide en niveles, superficial y profundo ( la cual, por una parte, cubre los músculos individuales y, por otra, los separa en grupos) limita nuestra visión del cuerpo a un análisis descriptivo. Nuestro interés se centra en un análisis más completo y enfocado hacia un sistema dinámico del cuerpo “ en el rol de este complejo tejido en la salud y en la enfermedad “.

La anatomía descriptiva reconoce los planos fasciales que envuelven, como una especie de sutiles sobres, los músculos y las vísceras, fijando y protegiendo su espacio concreto dentro del cuerpo. La continuidad de estas láminas, que al mismo tiempo unifican y separan los músculos y las vísceras vecinas, se puede trazar entre un área y otra.

El sistema fascial es el principal mecanismo protector y reparador del cuerpo. Cualquier tipo de tensión, ya sea activa o pasiva, repercute automáticamente sobre todo el conjunto del sistema.

La fascia se divide entre superficial y profunda. Los dos sistemas aparentemente separados uno del otro, en realidad se conectan entre sí formando un sistema continuo.

  
      FASCIA SUPERFICIAL

La fascia superficial es una lámina uniforme prácticamente en todo el cuerpo. Esta capa subcutánea no es solamente, un depósito de tejido graso, sino que asegura, con su compleja estructura interna, las necesidades mecánicas de sus vasos y nervios. Los vasos y los nervios están encerrados en el sistema fascial que formando fuertes franjas protectoras, los lleva hasta las capas profundas, bien protegidos contra todo tipo de desgarro.

La fascia superficial está adherida a la piel y atrapa la grasa superficial, de un espesor variable dependiendo de la región corporal.

Entre las principales funciones de la fascia superficial, a parte de su función nutritiva, destacan el soporte y la definición de los depósitos de la grasa del tronco y de las extremidades , así como también el sostén de la piel con referencia a los tejidos subyacentes.

El análisis de la mecánica y patomecánica del aparato locomotor definido por el sistema fascial permite limitarnos a la evaluación de la función analítica ( local ) siendo la fascia el ente mecánico de la coordinación motora del cuerpo, formando el componente primordial del sistema músculo-esquelético como factor integrador y transmisor de las fuerzas.

Como una información adicional, hay que mencionar que el sistema fascial superficial participa también en el proceso de curación, y que en él nacen la mayoría de capilares linfáticos.

    NOTA
El sistema superficial sano, la piel puede moverse fácilmente sobre la superficie de los músculos. En la fibromialgia o el dolor miofascial crónico, casi siempre está adherida, sin posibilidad de desplazamiento libre.

En resumen, debe contemplarse la fascia superficial como un ente generador y controlador a través de sus infinitas dobleces que, o se mantiene en la superficie o alcanzan las más hondas profundidades, a través de sus conexiones con la FASCIA PROFUNDA, agrupan los músculos y coordinan los movimientos.


    FASCIA PROFUNDA

La fascia profunda conecta los distintos sistemas corporales, como, por ejemplo, el nivel muscular, visceral, intracraneal, y también, a las conexiones dentro de cada músculo, cada nervio o cada víscera.

La fascia profunda se ubica por debajo del nivel de la fascia superficial y se encuentra íntimamente unida a ella a través de sus conexiones fibrosas. El sistema fascial profundo soporta, rodea y asegura la estructura y la integridad de los sistemas muscular, visceral, articular, óseo, nervioso y vascular. El cuerpo utiliza la fascia profunda para separar los espacios corporales grandes como, por ejemplo, la cavidad abdominal, y cubre las áreas corporales como si fueran enormes envolturas, protegiéndolas  y dándoles forma.

Con objetivo de realizar un análisis más profundo, debiéramos dividirla en: miofascia ( músculos), viscerofascia ( vísceras), y meninges ( membranas intracraneales que envuelven el cerebro y la médula espinal ). Sin embargo hay que recordar que las estructuras mencionadas constituyen una continua red estructural y funcional.


    MIOFASCIA ( músculos)

La anatomía considera al sistema fascial como uno de los componentes auxiliares de control de movimiento para conseguir un funcionamiento apropiado del sistema muscular del cuerpo.

Durante la contracción muscular, la fascia define la posición de las fibras musculares o de todo el músculo para su función adecuada, pero también asegura la posición de los tendones y los fija en relación con el hueso.

Al analizar la fascia y su relación con el músculo se debe considerar que no solamente cada músculo del cuerpo está rodeado por la fascia, sino que también lo están todos sus componentes: las fibras y los haces. Su principal función es entonces la de entrelazar las acciones mecánicas entre el músculo y el hueso, vínculo funcional que es posible a través del tendón, siempre con el fin de facilitar la transmisión de impulsos mecánicos con una máxima eficacia.


    EL TENDÓN

La principal función del tendón consiste en transmitir la fuerza generada por los  músculos para mover la articulación, manteniendo en esta acción una limitada elongación.

La principal diferencia entre la estructura fascial del vientre muscular y la porción tendinosa es la densidad y la organización de las fibras de colágeno. Las fibras de colágeno del tendón son muy densas y están orientadas de forma paralela. Sin embargo, pueden cambiar su orientación a lo largo de su recorrido, colocándose en diferentes ángulos, siempre respondiendo a los requerimientos mecánicos. Esta propiedad hace que el tendón posea la mayor fuerza de tensión de todos los tejidos del cuerpo.

El tendón tiene la capacidad de realizar actividades imposibles de realizar por el músculo. Puede realizar un trabajo cíclico sin acudir al gasto metabólico, así como también producir, durante un período muy corto, la fuerza que supera la capacidad del músculo esquelético activo.

Los tendones con límite de tolerancia, son más propensos a las lesiones, particularmente en las actividades relacionadas con la carga prolongada o la carga relacionada con el estrés mecánico intermitente por ejemplo, durante las carreras largas.

NOTA

Las incidencias de las tendinopatías ( patologías tendinosas ) han aumentado el doble durante los últimos diez años, a raíz del incremento de la popularidad de los ejercicios de trote y gimnasio.

Al analizar las formas de unión entre los músculos y los huesos, se llega a la conclusión de que es prácticamente imposible, separar claramente el tendón del hueso. La estructura del tendón se confunde con la del periostio ( membrana que envuelve al hueso) , formando una unidad funcional.

La región de la inserción del tendón en el periostio es el lugar en el que se producen numerosas lesiones ( entesitis ). Se observan principalmente en el periostio de inmadurez ósea, cuando se produce una rápida remodelación de esa unión. Los jóvenes son propensos a ese tipo de lesiones.


    INSERCIÓN DEL TENDÓN EN EL HUESO


La principal característica de esta región es la capacidad para disipar las fuerzas tensiles y reducir al mínimo la concentración del estrés mecánico.

La unión entre el tendón y el periostio representa un cambio muy particular, y constituye la estructura más compleja del cuerpo desde el punto de vista biomecánico, en el que a lo largo del recorrido de 1 milímetro se produce la transformación del tejido blando en tejido duro. Todo ocurre en un proceso de cambios progresivos de transformación gradual entre varios tipos de tejido, desde las fibras de colágeno, que se transforman en fibrocartílago, fibrocartílago mineralizado y finalmente, en hueso; de esta forma se desarrolla un área más especializada.


    TEJIDO CONECTIVO INTRAMUSCULAR

La división del músculo en fascículos es indispensable para su correcto desenvolvimiento mecánico. Esta división está determinada por el tejido conectivo INTRAMUSCULAR (fascia), que se compone de las membranas que cubren los elementos básicos de la estructura muscular, membranas que al integrarse entre sí, forman una estructura unida funcionalmente a cualquier tipo de actividad de las fibras musculares. Está compuesto por tres envolturas: el endomisio, el perimisio, y el epimisio. Estas estructuras no solamente forman divisiones pasivas para los elementos básicos del músculo, sino que también cumplen con actividades específicas.


    EL ENDOMISIO

El endomisio rodea cada una de las células musculares, conectándose con el de las células adyacentes, y formando así una unidad. De esta forma, el endomisio se organiza en forma de tubos que envuelven cada fibra muscular.


    EL PERIMISIO

El perimisio cubre los haces de fibras musculares y, uniéndolos, forma el tejido conectivo (  fascia ) más abundante en el músculo. Su función mecánica no tiene menos importancia. El perimisio representa una lámina móvil que, durante la contracción, permite al músculo deslizarse dentro de su envoltura. Sin participar directamente en el proceso de contracción, está íntimamente unido a él. Su tensión contribuye a la tensión del músculo durante las contracciones excéntricas, protegiéndolo de los estiramientos excesivos ( Trotter , 1999 ).


    EL EPIMISIO

El epimisio, la tercera envoltura de tejido conectivo ( fascia ), envuelve todo el músculo.


    NOTA

Al considerar que el músculo es un tejido contráctil que permite al cuerpo realizar distintos tipos de movimiento, desde el punto de vista biomecánico, se debe considerar entonces a la fascia como un tejido conectivo intramuscular ( lo conecta todo ) y a las fibras musculares como una unidad funcional, considerando que, por una parte CADA CONTRACCIÓN MUSCULAR MOVILIZA EL SISTEMA FASCIAL y por otra, CADA RESTRICCIÓN DEL SISTEMA FASCIAL AFECTA EL FUNCIONAMIENTO CORRECTO DEL MÚSCULO. Es lógico pensar entonces en una unidad funcional denominada MIOFASCIA.

Continuando con el análisis fascial, hay que señalar que la fascia no sólo rodea al músculo y a cada uno de sus componentes, sino que también conecta funcionalmente entre sí a un músculo con el otro y que comunicándose entre sí, constituyen una unidad funcional.


    VISCEROFASCIA

Al aceptar esta forma de contemplar la miofascia ( la fascia que envuelve al músculo) , se debe profundizar más en nuestra visión sobre el sistema fascial, considerando que no sólo son los músculos los que están rodeados e interconectados internamente y externamente entre sí, a través de esta gran red del sistema fascial, sino que también lo están otros componentes de nuestro organismo como, por ejemplo, los  vasos sanguíneos, las vísceras, los nervios y los huesos. El sistema fascial les brinda soporte e integridad estructural, define su tamaño y asegura el correcto funcionamiento, expandiéndose hasta el segmento más lejano y más pequeño del cuerpo. La fascia puede unirse con las paredes de las venas y del sistema linfático, actuando como una especie de “ succionador “ que colabora en el complejo proceso de la circulación.

Una restricción de deslizamiento entre las láminas del sistema fascial puede influir en el funcionamiento de las vísceras o en las estructuras del aparato locomotor adyacente.


    MICROESTRUCTURA FASCIAL

El sistema fascial no es un sistema inerte que dependa, en su comportamiento mecánico, plenamente de los estímulos generados en otros sistemas, como, por ejemplo, el sistema muscular. El análisis de la microestructura fascial revela que la fascia tiene vida propia, con capacidad para desarrollar sus propias reacciones y sus propios movimientos por la presencia de una abundante red nerviosa, así como también de numerosas células musculares lisas.

El sistema fascial está ricamente inervado y posee una densa población de mecanorreceptores. Contiene más receptores que la piel u otro órgano receptivo.

El estímulo mecánico de estos receptores puede generar una respuesta automática que se puede manifestar con cambios en los ritmos cardiacos y respiratorio, así como en el nivel de la presión arterial.

La fascia también posee musculatura propia, lo que podría sugerir una capacidad de movimiento independiente.

    NOTA

La presencia de numerosos receptores en el sistema fascial, incluyendo los receptores del dolor, podría enfocar la investigación del dolor relacionado con la fibromialgia no sólo hacia el dolor registrado por los receptores ubicados en el músculo, sino también hacia el directamente proveniente de la fascia. De esta forma, los procedimientos terapéuticos directamente enfocados a tratamientos del sistema fascial podrían tener un mayor valor terapéutico del reconocido hasta ahora.


    TEJIDO CONJUNTIVO (FASCIA) DEL SISTEMA NERVIOSO


El comportamiento del sistema fascial está íntimamente unido a la fisiología del sistema nervioso. El tejido conectivo rodea todos sus componentes, brindándoles la protección mecánica y asegurando su estabilidad en los desplazamientos laterales. Participa también en el proceso nutricional.

El sistema de receptores, muy especializado, permite un constante flujo de información. Los cambios patológicos crean alteraciones de la recepción de información, produciendo tensiones en el sistema fascial y alterando la neuromecánica del sistema nervioso.


    Funciones de la fascia


Ya se mencionó anteriormente que el cuerpo humano está envuelto, sostenido, conectado y comunicado por medio de un variado TEJIDO CONECTIVO (que lo conecta todo), que se acordó denominarlo sistema fascial. Es un sistema activo, vivo, resistente y omnipresente en todo el cuerpo. Se encuentra bajo la piel (formando un embalaje protector del cuerpo) cubre músculos, tendones, órganos, nervios, vasos sanguíneos y huesos y, tiene una gran trascendencia sobre el movimiento y los procesos fundamentales del metabolismo corporal. El sistema fascial además de las funciones  de sostener y mover el cuerpo, tiene otras actividades biomecánicas y de otra índole. Sus propiedades son infinitas. En cierto modo es la “agencia del transporte“ en todos los niveles del organismo y de todos sus sistemas. Por lo general, destacan las funciones mecánicas del sistema fascial, que se pueden agrupar en:

  • Protección.
  • Formación de compartimentos corporales.
  • Revestimiento.

    Otras funciones del sistema fascial son:

  • Mantenimiento del bombeo circulatorio de la sangre y de la linfa.
  • Ayuda en los procesos bioquímicos del cuerpo a través de las actividades del líquido intersticial.
  • Ayuda en la preservación de la temperatura corporal.
  • Ayuda en el proceso de curación de las heridas (producción de colágeno).


    FUNCIONES BÁSICAS DEL SISTEMA FASCIAL


    Protección

El sistema fascial forma una completa e ininterrumpida red protectora del cuerpo. Protege a cada uno de los componentes corporales de una forma individual, y también actúa como un sistema de de protección global. Por su resistencia, permite mantener la integridad anatómica de diferentes segmentos corporales y conserva su forma más conveniente. La fascia ajusta sus tensiones en respuesta a las necesidades funcionales.

La fascia constituye la primera barrera protectora contra las variaciones de tensión en respuesta a los impactos mecánicos internos y externos; los absorbe y , de esta forma, preserva la integridad de la estructura que envuelve y protege.

La elasticidad del sistema fascial disminuye gradualmente con la edad, lo que se refleja en una menor capacidad protectora. Este proceso se puede observar fácilmente en la piel. Al pinchar la piel de una persona joven, la marca desaparece rápidamente, lo que no ocurre en una persona mayor.

Una parte importante de la respuesta protectora del sistema fascial está condicionada por factores endógenos ( hereditarios, errores genéticos) y también exógenos (malnutrición, infecciones, traumatismos, estrés). En ambos casos se produce una densificación de las fibras de colágeno y un endurecimiento de la sustancia fundamental, lo que con el tiempo, conduce a la formación de calcificaciones. Por esta razón, en las inserciones de los tendones sometidos a tensión o a repetidos y fuertes estiramientos, se observan calcificaciones ( columna vertebral, codo, tendón de Aquiles ). De esta manera, el cuerpo presenta mayor protección.

El sistema fascial actúa principalmente contra las tensiones excesivas y otros impulsos mecánicos que pueden agredir al cuerpo de una manera súbita. En el proceso de protección, el sistema fascial puede cambiar su densidad de acuerdo con los requerimientos mecánicos. Sin embargo, nunca llega a la rigidez, manteniendo siempre una cierta elasticidad en respuesta a las solicitudes que debe experimentar la zona controlada por la fascia de acuerdo a las necesidades funcionales.


    Absorción de impactos y amortiguación de las presiones

El cuerpo es propenso a diversos tipos de traumatismos, y las ondas de impacto pueden afectar a las distintas estructuras. El sistema fascial es capaz de amortiguar esta onda y de absorber el impacto, atenuando su intensidad y preservando la integridad física del cuerpo. En el proceso de absorción de los impactos, el tejido graso desempeña un papel importante. Entre las principales funciones de la fascia a nivel superficial destacan el soporte y la definición de la grasa del tronco y de las extremidades, así como el sostén de la piel con respecto a los tejidos subyacentes. La grasa, controlada por el sistema fascial, forma una especie de almohadillas de protección de un espesor variable según la región corporal. Por esta razón, los golpes recibidos, por ejemplo, en el glúteo son menos dolorosos que los recibidos en la parte anterior de la tibia. En el abdomen, donde no existe protección ósea como la que existe en el tórax, la grasa protege a los órganos de la cavidad abdominal con el fin de permitir su desarrollo funcional normal.

El sistema muscular permite que las tensiones innecesarias sean absorbidas por la fascia, evitando así la rotura del músculo, de alguno de sus componentes o de cualquier otro órgano que protege.


    Formación de los compartimentos corporales

Como ya se mencionó con anterioridad, prácticamente no hay parte alguna del cuerpo que no esté cubierta por el sistema fascial que, en forma de sutiles cubiertas, envuelve hasta el elemento anatómico más pequeño. Sin embargo, la fascia por una parte divide, pero por otra unifica y conecta. Estas divisiones y conexiones continúan también dentro de los músculos.

Los compartimentos formados por el sistema fascial constituyen una especie de “cajas herméticas” que permiten el mantenimiento de diversas presiones entre uno y otro, facilitando el trabajo muscular, pero también protegiendo al cuerpo de la difusión de las infecciones entre compartimentos. Así, los compartimentos protegen también a las estructuras internas de la propagación de los focos inflamatorios.


 Determinación de la forma de los músculos y mantenimiento de la masa muscular en una posición funcional óptima

Esta propiedad permite incrementar la eficacia mecánica de los movimientos. Dependiendo de la distribución de las fibras, el sistema fascial puede restringir la amplitud del movimiento en cualquier nivel o incrementar la fuerza muscular. El sistema fascial anclado en el sistema óseo está constituido por una serie de tubos y láminas que se dirigen en diferentes direcciones, según los requerimientos de cada región. Las láminas fasciales se colocan en diferentes niveles; en la mayor parte de los casos, la orientación de las fibras de cada uno de los niveles se dirige en otra dirección. De esta forma protegen un segmento determinado, facilitando un movimiento en particular, logrando su solidez, eficacia, fuerza y resistencia.


Fascia de la pierna. Se observa la distribución del sistema fascial orientado en distintas direcciones, según las necesidades funcionales de cada segmento.


    Suspensión

Cada componente del cuerpo humano tiene una ubicación precisa. Cualquiera que sea su función, la ubicación está determinada por el sistema fascial. El sistema fascial mantiene la cohesión interna y externa de cada estructura corporal, permitiendo su fijación, pero por otro lado, le permite cierto grado de movilidad. Esta movilidad es indispensable en el proceso de adaptación a diferentes obstáculos.

La importancia de la suspensión varía de una región corporal a otra. La amplitud del estiramiento del sistema fascial depende de su ubicación. Es mayor, por ejemplo, en la piel y mucho más pequeña en el tendón. Esto depende de la proporción y de la densidad de las fibras de colágeno. El espesor y la densidad del colágeno pueden cambiar, no sólo según la zona, sino también según la edad de la persona, siendo más denso en las personas mayores; en consecuencia, la elasticidad de la fascia disminuye. Se produce un acercamiento y posteriormente se inicia el proceso de calcificación.


    Sostén

El mantenimiento de la integridad anatómica del cuerpo corre a cargo del sistema fascial. La fascia constituye el motor principal de la estabilidad de las articulaciones, coordinado por la mecánica miofascial ( músculos-fascia ). Asegura la coherencia y el buen funcionamiento fisiológico de los órganos internos.


    Soporte

El sistema fascial constituye el soporte, no sólo del sistema locomotor, sino también de los sistemas nervioso, vascular y linfático. Estas estructuras están constituidas en parte por fascias, a fin de mantener su forma anatómica. A través del sistema fascial se produce la INTERDEPENDENCIA entre los sistemas nervioso, vascular y miofascial.


    Cohesión de las estructuras del cuerpo: soporte del equilibrio postural

Al considerar la importancia del sistema fascial en el control del movimiento corporal en todos sus niveles, hay que subrayar su importancia en el manejo y el mantenimiento de una postura eficaz. Se considera que el desequilibrio del sistema fascial influye considerablemente en la formación de compensaciones posturales, compensaciones que, con el tiempo, crean hábitos inadecuados llevando a la aparición de diferentes patologías.


    Nutrición del tejido

El sistema fascial superficial participa también en el proceso de sudoración, ayudando a la conservación de la temperatura corporal, y en él nacen una gran parte de los capilares que cumplen con la función nutricional.


    Ayuda en la curación de las heridas ( producción de colágeno)

El proceso se realiza mediante el tejido de granulación que induce la cicatrización.


    Coordinación hemodinámica

Los sistemas vascular y linfático no pueden disociarse del sistema fascial. Formando con ellos una armonía casi perfecta, el sistema fascial soporta los sistemas circulatorios del cuerpo. Concretamente, el sistema nervioso y el sistema linfático tienen una estructura muy flácida y fácil de colapsar. La función de las válvulas no es suficiente para el proceso de retorno, y la FASCIA suple este papel, trabajando como una bomba periférica que expulsa la sangre y la linfa hacia el corazón. Estos movimientos son ininterrumpidos y la acción es posible a través de la acción de las envolturas fasciales propias de los vasos, así como también a través de las estructuras fasciales de los músculos activadas a través de las contracciones musculares.

Las diversas orientaciones de las fibras del sistema fascial dan un aspecto de “espiral” para permitir a las estructuras que se ajusten llevando los líquidos hacia el corazón. Considerando que las restricciones del sistema fascial pueden ser el elemento perturbador que produce la estasis, debiéramos preguntarnos si no es la fascia el motor de la circulación de retorno.


    Comunicación de cambios

El tejido conectivo ( fascia ) es un complejo unitario; cubre cada componente corporal en todos sus niveles. Es capaz de transmitir los impulsos mecánicos y comunicar los cambios relacionados con la patología, así como también en el proceso de curación. Se puede considerar que un funcionamiento correcto del sistema fascial significa una garantía del buen estado funcional del cuerpo y, por lo tanto, de una buena salud.


   NOTA

    El cuerpo humano no posee una unidad central que gobierne el resto de los componentes. No hay grados de importancia. El funcionamiento de todo el sistema depende de la integridad de las acciones de todos los componentes del cuerpo.


Una de las regiones del cuerpo que se lesiona con más frecuencia y con más facilidad es la región lumbar de la columna vertebral. Alrededor del 80 % de la población sufre dolor lumbar. En las actividades de la vida diaria, frecuentemente flexionamos la columna lumbar, realizamos trabajos en posición flexionada y levantamos objetos pesados partiendo de esa posición. Los discos intervertebrales no están preparados para defenderse por sí solos de la dañina acción de las fuerzas que se generan a raíz de este comportamiento. La vida sedentaria ( al estar sentados, la columna  lumbar se encuentra en posición flexionada ), acelera el proceso de los cambios en los tejidos periarticulares, que con el tiempo se convierten en complejas patologías acompañadas por penosos cuadros dolorosos. El sistema fascial, y particularmente la fascia toracolumbar ( tórax y lumbares, la porción del sistema fascial del cuerpo más estudiada por los científicos), desempeña un papel importante en la mecánica de la columna lumbar, destacando especialmente su función protectora.


    Traumatismos del sistema fascial

Las lesiones del sistema fascial son frecuentes. Numerosas veces nos lesionamos sin darnos cuenta de ello. El traumatismo no es necesariamente un golpe, una caída o un accidente automovilístico; UNA POSTURA INADECUADA en cualquiera de las actividades de la vida diaria también puede significar un traumatismo en el sistema fascial. UNA POSICIÓN INADECUADA, repetida numerosas veces o mantenida durante largo tiempo, crea hábitos de comportamiento postural que cambia gradualmente nuestro patrón de movimiento. El análisis de los movimientos que realizamos al ALIMENTARNOS es un buen ejemplo de este proceso. Para ALIMENTARNOS, deberíamos llevar el alimento a la boca; sin embargo, al observar esta actividad tan común, en una gran mayoría de personas, se encuentra un patrón de movimiento inadecuado: las personas llevan  la cabeza hacia el alimento. Este comportamiento postural conduce, PRIMERO, al desequilibrio, Y LUEGO, a restricciones en el sistema fascial. Con el tiempo, los movimientos se vuelven dolorosos y la función queda limitada.


    LESIONES DEL SISTEMA FASCIAL

Se producen a raíz de diferentes tipos de traumatismos. El cuerpo se lesiona con mucha frecuencia y estas lesiones se producen a raíz de traumatismos extrínsecos (por causas externas) e intrínsecos (por causas internas en el propio organismo). En la mayor parte de los casos se trata de microtraumatismos que, al acumularse lentamente y gradualmente, cambian el comportamiento mecánico de la fascia, disminuyendo su elasticidad y capacidad de defensa. En consecuencia, se desarrolla una tensión fascial patológica que desencadena DOLOR y necesidad de compensaciones. Al mencionar el traumatismo, no me refiero solamente a las secuelas relacionadas con una caída, un golpe o un accidente automovilístico, sino también A LOS CAMBIOS POSTURALES RELACIONADOS CON EL QUEHACER DIARIO Y AL PROGRESIVO PROCESO DE ADAPTABILIDAD DEL CUERPO, en función del mencionado desequilibrio funcional.

El proceso de cambios postraumáticos, según este enfoque, se inicia, en la mayor parte de los casos, en el sistema fascial. Las sobrecargas creadas en el proceso compensador lesionan la fascia, lo que repercute en el correcto desenvolvimiento funcional de otros sistemas.

    Las lesiones del sistema fascial (restricciones, adherencias, rupturas ) se pueden producir por tres razones básicas:

  • Traumatismos sobre el sistema fascial: lesión directa.
  • Sobrecarga sobre el sistema fascial ( crónica o intermitente) : posturas viciosas desarrolladas en el proceso compensador o lesiones relacionadas con el estrés repetitivo, causadas por la irritación, la compresión y la restricción del FLUJO SANGUÍNEO. Estas lesiones no se producen por un incidente traumático, sino a consecuencia de microtraumatismos acumulados, muchas veces no registrados como tales por la persona. Uno de los ejemplos de este tipo de lesión es el SÍNDROME DEL TÚNEL CARPIANO relacionado con los movimientos repetitivos y el sostenimiento de la muñeca en la posición de extensión.
  • Inmovilidad prolongada: escayola, enfermedad crónica, kinesofobia (miedo al movimiento).

La  consecuencia de estas lesiones es una limitada capacidad de movimiento. El sistema fascial pierde la movilidad y la flexibilidad. El proceso se puede iniciar ya con sólo tres semanas de inmovilización. Este proceso de adaptación a raíz de un traumatismo y la compensación posterior, cambia la forma de funcionamiento muscular.

EL TRAUMATISMO y las COMPENSACIONES consecutivas en el sistema fascial cambian la forma de nuestros patrones de movimiento. Empezamos a actuar de forma diferente: menos efectiva, menos precisa, con un mayor gasto de energía y con una progresiva sobrecarga en diferentes segmentos del aparato locomotor. Las pequeñas imperfecciones de los patrones de movimiento, repetidos una innumerable cantidad de veces a lo largo de los años, se suman y, con el tiempo, producen cambios irreversibles y prematuros que afectan principalmente al aparato locomotor. Hay que recordar que el mal “USO" afecta al funcionamiento; esté mal funcionamiento se reflejará, con el tiempo, en el funcionamiento de, no solo del aparato locomotor, el cardiovascular y el digestivo, sino también afectará, por ejemplo, al habla u otras actividades que requieren una perfecta coordinación de los diferentes sistemas corporales.

Al encontrar los cambios en un determinado punto del cuerpo, se puede suponer que la lesión original se ha producido en otro lugar, y que la acción terapéutica en el lugar de la disfunción tendría una respuesta inmediata y correctora en todas la áreas secundarias, incluyendo el punto en el cual se manifestaron los síntomas. Las restricciones en una región determinada pueden causar una reducción de la amplitud del movimiento en otras zonas, inclusive en las más distales. El área en la que el paciente percibe el dolor está, por lo general, muy distante del sitio de los puntos más sensibles. LOS PUNTOS HIPERSENSIBLES representan, generalmente, las áreas de relativa fijación del sistema fascial. Estas áreas de hipermiotonía ( contracturas ) producen la formación de las bandas de tensión que se extienden hacia las estructuras periféricas. Como resultado pueden causar una inflamación local o dolor y pueden desencadenar una liberación de los mediadores químicos ( toxinas ) que producen dolor.

    
    RESTRICCIÓN MIOFASCIAL (LIMITACIÓN FUNCIONAL)


EL TRAUMATISMO, así como también el INCREMENTO DE ESTRÉS MECÁNICO, estimula la secreción de las fibras de colágeno en el tejido afectado y, al mismo tiempo, produce la disminución del volumen de la sustancia fundamental, quedando el tejido conjuntivo más sólido y menos fluido. El endurecimiento del tejido conjuntivo altera la libre circulación de los fluidos; en consecuencia, queda totalmente o parcialmente bloqueada la entrada de nutrientes y, simultáneamente, se produce el atrapamiento de desechos metabólicos ( toxinas ). Las capacidades del tejido conectivo con respecto a la elasticidad, la plasticidad y la viscoelasticidad quedan reducidas. Por lo tanto, la capacidad de deslizamiento de las diferentes estructuras subyacentes queda también reducida o bloqueada, lo que obliga al cuerpo a la creación de  movimientos o posiciones sustitutos, es decir, se inicia el proceso de compensaciones. Este proceso puede involucrar lentamente a otros segmentos y, finalmente, a todo el cuerpo, conduciendo al paciente al círculo vicioso de la disfunción y el dolor.

En numerosas ocasiones a lo largo de estos apuntes se ha mencionado la importancia del movimiento adecuado para la salud y el bienestar del cuerpo.Precisamente el análisis del déficit del movimiento en el tejido conectivo puede aclarar muchas dudas al respecto. Ante todo hay que recordar que el movimiento es una acción preventiva contra la formación de restricciones y las adherencias. La inmovilización del tejido conectivo ( fascia ) por las razones anteriormente mencionadas, y entre las cuales destacan el traumatismo de origen físico y emocional, así como también la hipomovilidad, producen cambios en la calidad del tejido. Esta deficiencia de movimiento apropiado altera la elasticidad del tejido conectivo que, en consecuencia, tiende a adaptarse a la distancia más corta entre sus puntos de inserción y un determinado segmento corporal. Lamentablemente, este comportamiento trae consigo una progresiva pérdida de la función y la instalación del dolor.

Toda esta acción altera la plasticidad y la liabilidad de la estructura del tejido conectivo, con la consecuente formación de cordones de endurecimiento del tejido. Al producirse este proceso en la MIOFASCIA ( fascia muscular ), se forman los puntos de mayor sensibilidad, que pueden desencadenar un proceso doloroso; se les denomina PUNTOS GATILLO, activos y latentes. La mayor parte son puntos latentes, que no refieren el dolor de una forma activa y que pueden desarrollar un cuadro doloroso al estar puestos bajo un impulso mecánico o químico directo o por un estiramiento excesivo. Este fenómeno es más frecuente en las personas de edad, estas personas entran en un círculo vicioso al autoinmovilizarse en un proceso de protección contra un eventual dolor.

El sistema fascial de las personas de edad presenta un tejido principalmente fibrótico. En algunos puntos, la presión dentro del tejido puede llegar a un punto crítico. En este punto, la presión sanguínea disminuirá probablemente hasta el nivel de isquemia ( disminución del flujo sanguíneo), y en el proceso de defensa se activarían los mecanorreceptores del dolor. Este proceso provocaría, a pesar de la actitud defensora refleja en la hipomovilidad, un cuadro doloroso. En esta etapa del proceso, la persona experimentará dolor estando relativamente inmóvil. El proceso de formación restringiría cada vez más la amplitud del movimiento, incrementaría la formación de entrecruzamientos, provocando el endurecimiento del colágeno, y causaría cada vez más dolor y menos capacidad de moverse. De igual modo, la resistencia del tejido a la aplicación de las fuerzas disminuirá progresivamente, facilitando la producción de un nuevo traumatismo. La ruptura del tejido se produce más rápidamente al compararlo con el tejido sano.

    NOTA

    ¿ Sería este el mismo proceso que observamos en la carne de los animales viejos, que es más dura y fibrosas?


Respuesta hidrostática del sistema fascial. (imagen izquierda) Una buena hidratación permite soportar cargas considerables y evitar lesiones. (imagen derecha) La pérdida de agua debida a un traumatismo o al proceso de envejecimiento disminuye la capacidad de resistencia del tejido. Por esta razón, el sistema fascial postraumático, así como también el de las personas de edad, es más propenso a sufrir lesiones.


    CAMBIOS EN EL TEJIDO CONJUNTIVO A RAÍZ DE LA INMOVILIZACIÓN

  • Desorganización entre la orientación de las fibras.
  • Formación de los entrecruzamientos patológicos.
  • Formación de adherencias entre los diferentes componentes como, por ejemplo, en los ligamentos, los tendones y sus envolturas fasciales.
  • Reducción de la fuerza tensil de los ligamentos, los tendones y los músculos.
  • Debilitamiento de las inserciones de los músculos y los ligamentos.
  • Inhibición de la regeneración de la fibra muscular en el proceso de cicatrización.
  • Proliferación del tejido adiposo hacia el espacio articular, lo que estimula la formación de las adherencias hacia las superficies cartilaginosa.
  • Disminución del volumen del líquido sinovial.
  • Erosión del cartílago y formación de osteofitos.

Obsérvese que la lista de los cambios se corresponde perfectamente con los cambios que podemos enumerar en el proceso de envejecimiento en el tejido conectivo ( es el tejido que lo conecta todo ).


    Definición de la disfunción miofascial

¿De qué manera definir la patología del sistema miofascial ?

    Se utiliza la palabra “ disfunción “ para describir la pérdida de un movimiento normal, de algo que “ no funciona correctamente “.  

Por lo general según Mckenzie, este estado es un lógico progreso de limitaciones del movimiento adaptadas a raíz de un deficiente comportamiento postural. Con el tiempo y el repetido estrés mecánico, el tejido sufre una acumulación de pequeños, pero recurrentes traumatismos. Estos traumatismos, así como también los traumatismos graves, en el proceso de una natural reparación del tejido, producen adherencias que gradualmente reducen la elasticidad del tejido, convirtiéndose en una dolorosa y limitante cicatriz. Al realizar el movimiento, este tejido será puesto en tensión antes de llegar al extremo del movimiento fisiológico, lo que producirá dolor.


    DISFUNCIÓN MIOFASCIAL


  • La disfunción  miofascial significa la anomalía o carencia de una correcta respuesta estabilizadora. En presencia de la disfunción se produce una sobrecarga en todos los segmentos del sistema fascial y, particularmente, en la columna vertebral, alterando el funcionamiento de la estructura corporal. Además, se crea una descoordinación ( temporal o definitiva ) de los movimientos en todos los niveles y segmentos corporales.
  • La disfunción miofascial no supone directamente un problema muscular, pero implica a los músculos.
  • La disfunción miofascial implica el cambio de la onda muy organizada de movimientos especializados a través de la matriz viviente.
  • Desde el enfoque de las patologías miofasciales, hay que subrayar el hecho de que el desequilibrio y la disfunción miofascial se producen antes del inicio de la enfermedad como tal.
  • En presencia de una disfunción todo el sistema miofascial participa en la construcción de un nuevo nivel homeostático para un funcionamiento óptimo del cuerpo.

    Los cambios de equilibrio entre los grupos musculares crea compensaciones funcionales que, con el tiempo, pueden dar una falsa imagen del desorden estructural. Uno de los ejemplos típicos es el acortamiento  funcional de una de las extremidades inferiores, estado que se considera una descompensación.

    Esta descompensación puede ser producto de:

  • Un problema congénito.
  • Un problema postraumático: macrotraumatismo o microtraumatismo ( una fractura del hueso, un espasmo muscular defensivo, una listesis - es el desplazamiento de una vértebra sobre otra en la región lumbar - ).
  • Una disfunción articular debida al proceso natural de envejecimiento corporal.
  • Las condiciones particulares de la persona ( embarazo, obesidad, deficientes hábitos posturales, condiciones del ambiente en el cual se desenvuelve la persona ).

    Cualquiera que sea la razón del acortamiento, el sistema miofascial sería capaz de cambiar el comportamiento funcional de determinados componentes corporales en la búsqueda del equilibrio funcional del resto del cuerpo para su óptima función. El patrón de la compensación dependerá de la magnitud de los cambios y la eficacia del sistema fascial a la hora de coordinar esta acción. El objetivo de la evaluación del sistema fascial es detectar los sitios de atrapamiento que impide la realización de un adecuado proceso de protección del cuerpo y establecer los patrones de compensación.


    Bases de la evaluación

La evaluación del síndrome de disfunción miofascial se debe ubicar dentro del proceso de la evaluación osteopática y, particularmente, dentro de la evaluación habitual realizada en terapia manual. El terapeuta debe realizar su acostumbrado proceso evaluativo investigando la integridad y la anatomía de las tres áreas básicas del cuerpo:

  • Anatomía física:

  • Amplitud del movimiento articular.
  • Fuerza muscular.
  • Integridad de las estructuras inertes y contractuales.

  • Anatomía orgánica:

  • Capacidad cardiovascular.
  • Capacidad respiratoria.
  • Capacidad del equilibrio estático y dinámico.

  • Anatomía sensorial:

  • Presencia de dolor.
  • Integridad visual.
  • Integridad auditiva.
  • Percepción del tacto.
  • Comprensión del lenguaje y la fonación.
  • Memoria.
  • Capacidad de juicio.


La evaluación osteopática deberá realizarse con las herramientas propias del osteópata. Los exámenes adicionales ( RX, RESONANCIA MAGNÉTICA, TAC, ELECTROMIOGRAMA ), siendo excelentes medios de evaluación, que aportan informaciones precisas, no deben sustituir a una exhaustiva evaluación clínica.

    En el proceso de evaluación que se expone a continuación tiene como objetivo ampliar el proceso osteopático hacia el aspecto miofascial, y debe incluir :

  • Anamnesis.
  • Apreciación visual.
  • Análisis a través del tacto.
  • Análisis del movimiento.


    ANAMNESIS

    Calidad del dolor

Generalmente, el dolor de origen miofascial es sordo, molesto ( fastidioso ), de una difícil ubicación y localización. Si el paciente describe un dolor específico de fácil ubicación y reproducción, probablemente se trate de alguna patología específica y no de dolor de origen miofascial.

    Trastornos del sueño

El paciente llega a dormirse con dificultad y se despierta numerosas veces durante la noche. Estos trastornos del sueño NO se deben a la presencia de un dolor específico, precisó, que indicaría la presencia de una patología concreta, sino a molestias difusas. Por la mañana, la persona se siente fatigada.

    Fatiga

Entre el 90 % y el 100 % de los pacientes refieren fatiga durante el día, incluso si estuvieron relativamente inactivos.


    El desarrollo diario de los patrones del dolor y la rigidez

Generalmente, el dolor y la rigidez son importantes al despertar. Posteriormente, en el transcurso de la mañana, los síntomas se alivian y se mantienen constantes durante el día. Su intensidad depende del grado de actividad que realice la persona.

    Medicación

Algunos fármacos antidepresivos ayudan al paciente, pero producen alteraciones de la cuarta fase del sueño, influyendo negativamente en el tratamiento de la disfunción miofascial.

    Alergias

Un gran número de pacientes con síndrome miofascial refiere numerosas afecciones alérgicas.


    APRECIACIÓN VISUAL

Una cuidadosa apreciación postural permite la realización de un diagnóstico no invasor, simple y eficiente.

Cada cuerpo posee sus propias características posturales y sus propios patrones de movimiento. Los músculos se contraen y se expanden en respuesta a las demandas de diferentes sistemas corporales. La posición de los huesos colocados entre los músculos y dentro del sistema fascial determina la dirección de los movimientos. Distintos hábitos personales, restricciones, preferencias, funcionamiento alterado de los órganos internos, determinan el contorno del cuerpo.

Cuando un segmento corporal deja de recibir un estímulo adecuado, se constituyen patrones de atrapamiento miofascial ( Barnes, 1990 ). En consecuencia, los músculos ejercen un exceso de presión sobre los capilares y se produce una deficiente circulación que limita el suministro de nutrientes hacia la sustancia fundamental del tejido conectivo ( el tejido que lo conecta todo - fascia - ), con su consecuente endurecimiento. El contorno del cuerpo cambia según los patrones de atrapamiento del sistema fascial ( Schultz; Feitis, 1996 ). Por tanto, se forman compensaciones funcionales. Estos patrones de compensación se pueden detectar y observar sobre la superficie corporal. Este fenómeno se debe al atrapamiento de la fascia en diferentes niveles funcionales, que finalmente se refleja en la superficie corporal, en la fascia superficial. Los atrapamientos se encuentran por lo general cerca de las superficies óseas, en fijaciones musculares en los huesos. Y pueden cambiar el aspecto del recorrido de los grupos musculares que se consideran básicos para el mantenimiento de una postura correcta. El segundo grupo de puntos de atrapamiento forman los entrecruzamientos entre grandes masas musculares. Ambos lugares son muy sensibles y dolorosos a todo tipo de estímulo ( Schultz, Feitis, 1996 ). En consecuencia, el segmento en cuestión queda hipomóvil, que facilita la acumulación de grasa sobre la zona afectada. Los dos lugares más representativos en los que se puede observar con más frecuencia la acumulación de grasa en forma de almohadillas es el la base del cráneo (por la constante hipertonía en la que se encuentra el músculo trapecio superior encargado del mantenimiento de la posición protuida de la cabeza - adelantada - ) y también sobre la base de la columna lumbar, justo por encima de la línea superior de los glúteos.

En la superficie corporal, los sitios de atrapamiento se pueden presentar de diferentes maneras: como puntos de atrapamiento o en forma de bandas de atrapamiento.

    PUNTOS DE ATRAPAMIENTO

Cambios mecánicos relacionados con diferentes tipos de traumatismos crean sobrecargas en los puntos con una estructura anatómicamente difícil, sitios de una gran demanda mecánica, en respuesta a los requerimientos de movimiento o al mantenimiento de una posición estática. Estos lugares no son estructuras anatómicas determinadas; también su ubicación puede variar entre una persona y otra ( Schultz; Feitis, 1996 ).
Puntos de atrapamiento más comunes entre las capas fasciales. ( modificado según Schultz; Feitis, 1996 ).


  BANDAS DE ATRAPAMIENTO ( Schultz; Feitis, 1996 )
Entre distintas personas existen similitudes en la formación de la disfunción miofascial, que vienen establecidas por las bandas de atrapamiento en forma de correas que sostienen el tejido conectivo. Estas estructuras son independientes de la distribución anatómica del sistema muscular; representan estructuras de conexión del tejido conectivo entre la parte anterior y la parte posterior del cuerpo. Las bandas se detectan observando o palpando las zonas de aplanamiento o depresión sobre la superficie corporal. Estas zonas se unen a una especie de líneas horizontales que forman un recorrido continuo o ininterrumpido. Su principal característica es la falta de flexibilidad. En cierto modo, estas bandas rompen la continuidad del movimiento corporal. La banda no es una estructura anatómica como tal, sino un cambio local producido por el desequilibrio entre las fibras y la sustancia fundamental del tejido conectivo. Las restricciones cambian el funcionamiento de todas las estructuras implicadas en los atrapamientos a un nivel determinado. Se distinguen siete bandas de atrapamiento :


    

    1 ) Banda púbica

Se inicia en el pubis, donde se aprecia una acumulación de grasa. Sus ramificaciones pueden penetrar hasta las articulaciones de la cadera, la uretra, el recto y la vagina.

    2 ) Banda inguinal

 En las persona con un fortalecimiento excesivo de la musculatura abdominal, se aprecia como un cable tenso en posición casi horizontal. En las personas obesas , la acumulación de grasa ( el tejido de una reducida elasticidad ) en esta zona inhibe los movimientos fisiológicos, particularmente los relacionados con la respiración. Esta tensión crea restricciones que incluso se pueden visualizar o palpar en forma de dolorosos y tensos cables. La banda continúa su recorrido posterior hasta la articulación lumbosacra ( lumbares y sacro ). Sus restricciones pueden, en parte, inhibir los movimientos fisiológicos de las articulaciones sacroilíaca ( sacro con ilíacos). Las restricciones de esta zona se pueden transmitir por el sistema fascial del músculo glúteo mayor hasta la  cara posterolateral del muslo, así como también a lo largo de la masa común del aparato extensor de la columna, conectándose, de esta manera, con la columna cervical y el cráneo.

    3 ) Banda umbilical

Se dirige lateralmente, formando un arco que rodea el abdomen hasta llegar a las últimas costillas. La presión hacia dentro de las últimas costillas influye en el funcionamiento del diafragma ( respiración ).

    4 ) Banda torácica

Las restricciones pueden afectar a las estructuras más profundas, por ejemplo, los músculos intercostales, que limitan la expansión torácica durante el acto de la inspiración. Sus restricciones se pueden expandir modificando los patrones de movimiento del tronco y de las extremidades superiores a través de los músculos pectoral mayor y menor, dorsal ancho y el recto del abdomen que cruzan esta banda.

    5 ) Banda del collarín

Las restricciones de esta banda afectan al funcionamiento de las cuerdas vocales. A raíz de las restricciones de esta banda, los movimientos de todo el complejo articular del hombro se ven afectadas. La respiración auxiliar puede verse también particularmente afectada por la limitación funcional.

    6 ) Banda del mentón

Esta banda conecta entre sí el cráneo y la columna cervical. Sus restricciones afectan al funcionamiento de la ATM ( maxilar inferior ) y, generando una excesiva tensión, influyen en la formación de la posición protuida de la cabeza ( adelantada ). Con la tensión de esta banda se ven afectados los músculos de la lengua, afectándose también el funcionamiento del esófago y la tráquea.

    7 ) Banda ocular    

Sus tensiones pueden influir en el comportamiento mecánico de las suturas craneales.

Estos atrapamientos pueden producir cambios funcionales en todos lo segmentos del sistema miofascial.


    ANÁLISIS A TRAVÉS DEL TACTO


En este segmento de evaluación se analiza la calidad del movimiento tisular ( tejido ). Se debe prestar atención a los siguientes parámetros:

  • Textura del tejido.
  • Amplitud del movimiento.
  • Simetría del movimiento.
  • Facilidad de deslizamiento.
  • Continuidad del movimiento.
  • Velocidad del desplazamiento.

El objetivo final de la evaluación es detectar y determinar las áreas de disfunción somática. Estas se definen como una función alterada entre los componentes del sistema corporal : sistema esquelético, miofascial, articular, vascular, linfático y nervioso.

A través del tacto, de una manera sistemática, se pueden definir las condiciones del tejido fascial en diferentes niveles. Se debe acceder primero a las estructuras superficiales y luego a las estructuras profundas, y realizar la comparación con los tejidos adyacentes en el mismo nivel y entre los tejidos de diferentes niveles. Primero se realiza la evaluación homolateral ( un solo lado ) y luego se comparan los resultados con los tejidos contralaterales ( lado contrario ).


    Conclusión

En el proceso de evaluación inicial debería aplicarse una evaluación global a cada paciente. Posteriormente, de acuerdo a las necesidades particulares de cada paciente, se realizará la evaluación específica que se divide en dos grupos: la del cuadrante superior y la del cuadrante inferior. Estas evaluaciones permiten acercarse a un diagnóstico más preciso.